Mi manto de estrellas
Anoche pasé largo y tendido el tiempo contemplando la oscuridad en su mayor apogeo que es la noche. Este año no estoy en el mismo lugar que en el que he estado el resto de mi vida, pero curiosamente hago lo mismo que siempre. Con la mirada fija hacia arriba, malgastó mis horas en admirar el manto estrellado. Nada en este mundo me hace reflexionar más: en mi vida, la venidera, la pasada…, en mi futuro, las alegrías y las desgracias…, y en mí.
No escucho nada, ni las personas a mi alrededor, ni mi respiración pausada, nada. Desaparezco en una nube de pensamientos que crece cuanto más miro el manto. Pero, no obstante, es una situación que sólo me sucede por estas fechas. No durante el principio de un nuevo año, pues para mí ahora es el tiempo de cambios, siempre lo fue y creo que así será siempre.
Absorto, me dedico con una obsesión inigualable a encontrar una estrella fugaz. Lo admito, quiero pedir un deseo. Pero no espero que se cumpla, simplemente quiero ver aquello que pasará por mi mente durante las milésimas de segundo que dura una estrella fugaz, porque sabré entonces lo que me importa y lo que deseo.
Anoche contemplé mi manto de estrellas, pues para cada uno es diferente, y no vi ninguna estrella fugaz. Tal vez, debería dejar de esperar e ir en su búsqueda, o, simplemente, cerraré los ojos y soñaré.
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