Enero 28th, 2008 por Andrés
Como el pasado al presente, como la sangre a la herida, como las lágrimas a la vida…siempre regresa el eterno pensamiento. No conoce la distancia, no distingue el momento, no predica compasión, solamente da vueltas alrededor de mi cabeza. No entiendo cómo consigue ignorar y esquivar toda la resistencia que creo e impongo. Hace caso omiso de la razón, donde todo es lógico y está controlado, nada debería de sobrepasar esta prueba, todo es razonado y estudiado a la perfección o, por lo menos, se intenta. Traspasa mi muro de hielo, forjado con el tiempo en días de arduo trabajo y llanto. Lo derrite como si no estuviera allí, como si nunca hubiese existido. Entonces, ¿cómo detener semejante e imperturbable avance?. Si su objetivo es la mente, con mantenerla ocupada se solucionaría el problema. Obcecado con ese planteamiento, procuré no quedarme nunca quieto y siempre con algo que hacer. Cansaba e irritaba hasta la incombustible saciedad. Pero no fue suficiente, sólo conseguía menguar ligeramente sus pasos, hasta que por fin, llegó a su destino. ¿Y ahora?. Ahora tengo muchas que hacer, pero me acompaña cada segundo. Hago las cosas mal y a medias. No tiene solución y no puedo alejarlo de mi vista, porque, cuando se distancia algún día, me siento vacío por dentro.
Y, aquí estoy, perdido hacia ningún sitio, en medio de ningún lugar, como una triste canción que marca el apogeo de mi final.
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Enero 21st, 2008 por Andrés
Pueda parecer que la distancia sea algo físico, el espacio terrenal entre dos objetos en distintas posiciones, entre personas, aunque también es algo de un valor de gran importancia, es la relación entre nuestra alma y el resto. La verdadera distancia es aquel sentimiento que nos conecta con las personas de nuestro alrededor, que determina su grado de alejamiento o cercanía, en función de nuestra propia necesidad. Puesto que no hay dos idénticas personas, las distancias no son las mismas en todos los individuos, aunque si se observan unos cánones que las agrupan por semejanza.
Es posible que discrepes e incluso que no llegues a comprender por qué, cuando estás rodeado de seres humanos, te sientes en la más de las absolutas soledades. Estás ahí, tu cuerpo está ahí, pero no estás tú. Tu alma no está en consonancia con la de los demás y por eso te sientes disperso, en una nube volátil perdida en la inmensidad celestial donde no hay nada más que tú y tus pensamientos. Hablas con ellos, ¿por qué estoy lejos?. Silencio. Solo. Despiertas. La distancia se reduce hasta que vuelves junto a tu cuerpo, sin saber cuánto tiempo ha pasado, sin saber nada. Canon de la ausencia o alejamiento.
Ahora te encuentras lejos de todo, nadie te habla, tus ojos no distinguen la luz. Sin embargo, sientes que algo en tu interior te abrasa y lo notas. Sabes que aunque esa persona no está físicamente a tu lado, vuestras almas se comunican y se acompañan mutuamente. Te sientes ligado, encadenado a placer por unas ataduras místicas que nunca te soltarán. Estás solo, pero no. Tus pensamientos la acercan, acortan la lejana distancia que os separa en un desesperado intento por arrebatarle la ansiada victoria a la siempre omnipotente soledad. Canon de la presencia o cercanía.
La auténtica distancia es aquella que eliges libremente, aunque inconscientemente, pues tu alma no actúa por voluntad propia, sino basándose en aquello que hay en tu interior, aquello que no controlas.
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Enero 16th, 2008 por Andrés
Hoy no hay reflexiones ni historias ni adjetivos ni palabras abstractas, sólo el adiós y la tristeza de desaparecer de nuestro lado.
Cuando pienso algo, siempre me pongo en la peor situación posible. Es mi método para no asustarme cuando ocurran las cosas, ya las espero con antelación y ninguna puede sorprenderte. Pero la realidad es diferente.
Hoy he entrado en el ascensor de casa y he visto una hoja colgada en un lateral. Otra reunión de vecinos o que pintan el garaje, pensé. Pero lo que decía era que mi vecino del primer piso acababa de fallecer esta mañana…y en silencio subí a casa. Una gran persona que siempre me daba conversación, incluso a los pocos días de mudarme a este edificio. Es la segunda esta semana, ya que también falleció una mujer mayor en el pueblo, familia de un amigo.
Personas conocidas pero alejadas a la vez. No hay contacto diario, pocas veces coincidía con mi vecino. Y aun así, no se puede asimilar. Ya no están y una fuerte presión me oprime el pecho. ¿Qué pasaría si le ocurriese lo mismo a alguien más cercano? ¿Un amigo, un familiar?. Puedo preverlo en el peor de los casos, pero no asimilarlo. No se puede controlar. ¿Seré capaz de escribir sobre ello como ahora?.
Hoy no hay reflexiones ni historias ni adjetivos ni palabras abstractas, sólo el adiós y la tristeza de desaparecer de nuestro lado.
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Enero 14th, 2008 por Andrés
El sueño se apodera de ti, te mece suavemente en sus etéreos brazos hasta que yaces sucumbido a sus deseos. Piensas que el eterno descanso se muestra ante tus ojos y anhelas ese instante en que no dominas tu mente y el tiempo se vuelve inerte y sin sentido. Pero ese lugar que visitas cada noche esconde un secreto que ya conoces, pero que ignoras porque buscas la inalcanzable felicidad que crees que se encuentra en la mentira de la vida. El disfraz perfecto, que actúa cuando no puedes defenderte.
Te relajas y entornas los párpados. El subconsciente toma el control y, poco a poco, va dibujando el escenario donde apareces. Estoy sentado en un sofá, las luces apagadas y la televisión encendida. Miro hacia mi izquierda, sonrío. Está cansada y tiene sueño, se apoya en mí y la abrazo. La misma imagen de hace tantos años. Una extraña y desconocida paz interior hace acto de presencia y el tiempo vuelve a ser inerte y sin sentido.
El sonido del despertador rompe la ilusión que soñabas, otra vez. Piensas que esa sensación agradable no ha desaparecido todavía. Pobre ignorante, aún estás dormido. Despierta, despierta ya. El subconsciente solamente muestra tus deseos, y los deseos aparecen en los sueños porque no existen en la realidad. Ahora lo sabes, y comienzas a experimentar la desgracia de que nunca obtendrás esa paz, otra vez. Sólo en tus sueños, sólo en tu mente. Otra vez la ilusión mortal.
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Enero 4th, 2008 por Andrés
Su lento caminar le hacía ignorar todo a su alrededor. Su rumbo era incierto, al igual que su mirada, perdida en una nube de pensamientos incoherentes. No sabía el tiempo que había permanecido en ese letargo inconsciente hasta que llegó al extremo del abismo. Sus ojos cobraron vida y su aliento, hasta ahora pausado, se tornó en violentas expiraciones directas desde el alma. ¿Qué le había impulsado a este rincón más allá de la vida y tan ligado a la muerte?. Observó el tenue paisaje. Un desolador vacío por el que casi se desploma, llevándose consigo sus melancólicos y perturbados sentimientos correspondidos sólo en sus más profundos sueños producidos por la carencia de lo realmente deseado.
La culpa era suya, por haber pensado solamente en ella y nada más. Aturdido por sus fantasías irreales, alzó su mirada temblorosa y advirtió que, en el lejano horizonte, había un precario puente que cruzaba el siniestro abismo. Dos caminos se abrían ante él, ya que no era posible volver sobre sus pasos. Podía arrojarse por el agujero negro que tenía delante. Un infinito descenso donde sus recuerdos y sentimientos sobre ella le consumieran hasta convertirse en un ser sin corazón, vacío por dentro y muerto por fuera. Podía rodear el abismo y encaminarse hacia ese puente de la salvación, pero para ello debería desprenderse de cualquier pensamiento doloroso y, sobretodo, olvidarla.
Triste elección del camino. Seguir pensado en la mujer que amaba sin que ella lo supiera y mantener la imposible esperanza de que algún día se diera cuenta o olvidar la mujer que amaba, la mujer que amaba…Sus palabras resonaban en su mente mientras decidía si tenia que morir o seguir viviendo. Entonces, se sentó y esperó. Tal vez el tiempo me dé la respuesta.
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