Ilusión mortal
El sueño se apodera de ti, te mece suavemente en sus etéreos brazos hasta que yaces sucumbido a sus deseos. Piensas que el eterno descanso se muestra ante tus ojos y anhelas ese instante en que no dominas tu mente y el tiempo se vuelve inerte y sin sentido. Pero ese lugar que visitas cada noche esconde un secreto que ya conoces, pero que ignoras porque buscas la inalcanzable felicidad que crees que se encuentra en la mentira de la vida. El disfraz perfecto, que actúa cuando no puedes defenderte.
Te relajas y entornas los párpados. El subconsciente toma el control y, poco a poco, va dibujando el escenario donde apareces. Estoy sentado en un sofá, las luces apagadas y la televisión encendida. Miro hacia mi izquierda, sonrío. Está cansada y tiene sueño, se apoya en mí y la abrazo. La misma imagen de hace tantos años. Una extraña y desconocida paz interior hace acto de presencia y el tiempo vuelve a ser inerte y sin sentido.
El sonido del despertador rompe la ilusión que soñabas, otra vez. Piensas que esa sensación agradable no ha desaparecido todavía. Pobre ignorante, aún estás dormido. Despierta, despierta ya. El subconsciente solamente muestra tus deseos, y los deseos aparecen en los sueños porque no existen en la realidad. Ahora lo sabes, y comienzas a experimentar la desgracia de que nunca obtendrás esa paz, otra vez. Sólo en tus sueños, sólo en tu mente. Otra vez la ilusión mortal.
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