La distancia
Pueda parecer que la distancia sea algo físico, el espacio terrenal entre dos objetos en distintas posiciones, entre personas, aunque también es algo de un valor de gran importancia, es la relación entre nuestra alma y el resto. La verdadera distancia es aquel sentimiento que nos conecta con las personas de nuestro alrededor, que determina su grado de alejamiento o cercanía, en función de nuestra propia necesidad. Puesto que no hay dos idénticas personas, las distancias no son las mismas en todos los individuos, aunque si se observan unos cánones que las agrupan por semejanza.
Es posible que discrepes e incluso que no llegues a comprender por qué, cuando estás rodeado de seres humanos, te sientes en la más de las absolutas soledades. Estás ahí, tu cuerpo está ahí, pero no estás tú. Tu alma no está en consonancia con la de los demás y por eso te sientes disperso, en una nube volátil perdida en la inmensidad celestial donde no hay nada más que tú y tus pensamientos. Hablas con ellos, ¿por qué estoy lejos?. Silencio. Solo. Despiertas. La distancia se reduce hasta que vuelves junto a tu cuerpo, sin saber cuánto tiempo ha pasado, sin saber nada. Canon de la ausencia o alejamiento.
Ahora te encuentras lejos de todo, nadie te habla, tus ojos no distinguen la luz. Sin embargo, sientes que algo en tu interior te abrasa y lo notas. Sabes que aunque esa persona no está físicamente a tu lado, vuestras almas se comunican y se acompañan mutuamente. Te sientes ligado, encadenado a placer por unas ataduras místicas que nunca te soltarán. Estás solo, pero no. Tus pensamientos la acercan, acortan la lejana distancia que os separa en un desesperado intento por arrebatarle la ansiada victoria a la siempre omnipotente soledad. Canon de la presencia o cercanía.
La auténtica distancia es aquella que eliges libremente, aunque inconscientemente, pues tu alma no actúa por voluntad propia, sino basándose en aquello que hay en tu interior, aquello que no controlas.
Escrito en Reflexiones |











Otro viejo escrito que recupero…