El eterno pensamiento
Como el pasado al presente, como la sangre a la herida, como las lágrimas a la vida…siempre regresa el eterno pensamiento. No conoce la distancia, no distingue el momento, no predica compasión, solamente da vueltas alrededor de mi cabeza. No entiendo cómo consigue ignorar y esquivar toda la resistencia que creo e impongo. Hace caso omiso de la razón, donde todo es lógico y está controlado, nada debería de sobrepasar esta prueba, todo es razonado y estudiado a la perfección o, por lo menos, se intenta. Traspasa mi muro de hielo, forjado con el tiempo en días de arduo trabajo y llanto. Lo derrite como si no estuviera allí, como si nunca hubiese existido. Entonces, ¿cómo detener semejante e imperturbable avance?. Si su objetivo es la mente, con mantenerla ocupada se solucionaría el problema. Obcecado con ese planteamiento, procuré no quedarme nunca quieto y siempre con algo que hacer. Cansaba e irritaba hasta la incombustible saciedad. Pero no fue suficiente, sólo conseguía menguar ligeramente sus pasos, hasta que por fin, llegó a su destino. ¿Y ahora?. Ahora tengo muchas que hacer, pero me acompaña cada segundo. Hago las cosas mal y a medias. No tiene solución y no puedo alejarlo de mi vista, porque, cuando se distancia algún día, me siento vacío por dentro.
Y, aquí estoy, perdido hacia ningún sitio, en medio de ningún lugar, como una triste canción que marca el apogeo de mi final.
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