La perfección

Ansiada utopía de cualquier persona. La esfera inmaculada de intenciones, de romos rincones, desprovista de fallos y equivocaciones. Todos buscamos la perfección en tres aspectos de la vida.
En nosotros mismos. Abarcamos aquello que deseamos ser. Saber cómo actuar, exactamente qué hacer en una situación inesperada o no. Decir las palabras adecuadas en momentos de tensión, de pánico del montón, de lágrimas de dolor. Escoger siempre el camino más certero y guiando a los demás por él y tras de ti.
En lo que hacemos. La perfección en todo lo que tocamos. El trabajo constante, el hobby hilarante, sin el manual del ignorante. Sin errores nunca y nunca sin errores, depositando una confianza suprema en los ojos ajenos que te veneran sin sucumbir.
En la persona especial. Porque quieres que sirva de espejo opaco de tu armonía. Que sepa cómo actuar, exactamente qué hacer en una situación inesperada o no, reaccionando del mismo modo que tú. Que te diga las palabras adecuadas en momentos de agonía, de dulces alegrías, siempre, cada día. Que escoja el camino más certero, el tuyo también, y te guíe por donde ya ibas a ir.
Pero todo es mentira y falsedad. La perfección absoluta no existe, es relativa. Son las imperfecciones las que nos hacen únicos y diferentes. Como una esfera pintada a mano en un trozo de papel.
Foto: thewooolf
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La imperfección es buena, es sana… cuando empiezas a obsesionarte con ser perfecto, con que todo sea perfecto acabas desquiciado. Muchas veces esta perfeccción es incitada por la sociedad, si no eres perfecto o casi perfecto no sirves… pero habría que empezar a ver que como bien dices, son esas imperfecciones lo que nos hacen realmente especiales.