Abril 9th, 2006 por Andrés
Hoy, por el reflejo de mi ventana, he visto una robusta caja inalterable en movimiento. Cerrada, clausurada, vedada del exterior cumpliendo cual pena.
Las personas no somos tan distintas de una caja. Permanecemos cerradas la mayor parte del tiempo, ocultando nuestro interior mediante una sólida tapa que nos cubre y ahoga la luz. Sólamente cuando sabemos que el resultado de abrirla será satisfactorio, lo hacemos, pues lo contrario significa la muerte. No obstante, no controlamos las situaciones, ya que no controlamos la mente de los demás. Como no solemos levantar la pesada tapa de nuestra alma, los ojos ajenos nunca consiguen descifrar lo que en realidad guarda, y eso deriva en la invención, imaginación y condena por parte suya.
Ante su incapacidad para averigüar aquello que escondemos, las demás personas se limitan a pensar, a intentar hallarlo por sí mismas, fracasando siempre y siempre fracasando. Finalmente, optan por creer que su invención es la verdad, lo que nos convierte en meras cajas subestimadas y encasilladas en unos valores para nada nuestros, que ni abriendo nuestra alma al completo conseguiremos librarnos.
Saben lo que poseemos sin saberlo, pues la verdad a voces no tiene por qué ser cierta, llegando al extremo de ponernos los candados más fuertes jamás creados a nuestro alrededor juntamente con las más versátiles y siniestras cadenas fuertemente anidadas en nuestro espíritu. Con este gran lazo, sólo se nos permite entreabrirnos ligeramente, sin llegar a alzar nuestra oxidada tapa. La única vía para deshacer nuestras ataduras es desaparecer por un tiempo, lamernos las heridas y acostumbranos a mantener la puerta siempre abierta para regresar como nos merecemos, sea para bien o para mal, pero con la verdad al frente.
Hoy, por el reflejo de mi ventana, he visto la caja de pandora que mora en nuestro interior.
Foto: steelgohst
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Marzo 5th, 2006 por Andrés
Hoy, por mi ventana, he visto al viento aullar con tristeza, he sentido su furia incandescente elevarse entre las nubes allá donde sólo él es libre. Me ha dejado helado con su cálido aliento y he deseado por un instante evaporarme y acompañarlo en su ir y venir infinito. Pero también he escuchado su llanto, una serie de ráfagas melancólicas que evocaban las más amargas historias que pueblan el aire. El viento, exhausto de tanta desdicha, rompe su silencio desde su profunda cueva para empequeñecer nuestros corazones en una demostración de fuerza e ímpetu fuera de toda duda. Las personas no somos muy diferentes. Algunas guardan todo su rencor y furia dentro de sí mismas, para evitar que el resto se percate de lo débiles que son en realidad. Sin embargo, llega un momento en que su alma ya no puede albergar más esos sentimientos negativos y acaba por estallar en una implosión que atraviesa las duras paredes de su cuerpo en una controversia incapaz de controlar. Entonces, fluyen por el aire, libres de toda carga y deseosas de volver a empezar.
Hoy, por mi ventana, he visto el viento sufrir por las personas…
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Febrero 16th, 2006 por Andrés
Hoy, por mi ventana, he visto un diminuto pajarillo graznar sin control ni razón, para después arrancar a volar allá donde mi vista no alcanza. Pero en mi mente no se formaba la imagen del ave, sino la libertad pura era el retrato que divisaba. Una vida sin ataduras materiales, sin más preocupación que la de sobrevivir, sin normas regidas por una sociedad que pretende ser utópica y que solamente consigue dividirnos esparciéndonos en opiniones artificiales. Un lugar donde todos somos iguales al querer ser diferentes, donde se nos mide por la superficie sin importar si podemos hablar o somos mudos. Una imagen que no vemos porque nos tapamos la vista con el velo que aceptamos sin saber.
Hoy, por mi ventana, he visto los barrotes de la prisión de mi vida.
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