Diciembre 4th, 2007 por Andrés
Un comentario oído por casualidad en la negra noche, una fotografía perdida en un día lluvioso, una frase escrita en las paredes de la maltrecha alma…Son tantas y tan sencillas las cosas que pueden descomponer nuestros pensamientos que empiezo a creer que no podré vivir ajeno a sus deseos. Observo a mi fiel reflejo en el espejo de la casa abandonada y me muestra una visión de mí mismo que no quisiera ver ni ser. Los errores del pasado, el dolor que todavía mantiene abiertas las heridas que esperan con anhelo el preciso momento de la resurrección ansiada, aquellas que moran ocultas en el interior del pozo cegado. Mi reflejo no se mueve, mantiene fija su mirada hacia mí, pero no se limita a la superficie, sino que analiza cada movimiento de mi cerebro que reside en mi mente atormentada. Comienzo a escuchar una risa ahogada y contenida. El subconsciente sonríe cuando el reflejo le cuenta el último pensamiento que tuve. Imposible, argumenta, una idea fuera de contexto y lugar que no tiene cabida en su mundo, detalla, un deseo frenado por la esencia de culpabilidad por algo que no ha ocurrido ni ocurrirá. Ambos cruzan su mirada con la mía con un halo de compasión al que no puedo aferrarme para alejarlo de mí. Me envuelven sus palabras de desesperación, intentan cubrirme con rapidez en un intento rutinario de caer rendido y moribundo hacia sus fuertes pretensiones. Es suficiente, les digo.
Para mi reflejo, que muestra todas mis debilidades con una entonación exagerada.
Para mi subconsciente, que especula e inventa todas las desgracias que ocurren y las que pueden ocurrir.
A partir de ahora solamente haré tres cosas: la primera será para mí, la segunda para lo que hago y la tercera…..la tercera será para otra persona.
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Noviembre 15th, 2007 por Andrés
Una palabra, una sonrisa. Silencio. La incerteza de saber que las ilusiones no escaparán de los sueños. La certeza de saber que pase lo que pase, no pasará nada. El llanto provocado por días de constante pensamiento. El sol, oculto por la luna. Atardece. Los rayos de luz se disipan con lentitud. Oscuridad. Avanzando lentamente por giros de continuas dunas creadas por el viento. Una roca, en medio del desierto. Solitaria. Silencio. La incerteza de saber que no se moverá por voluntad propia. La certeza de que nadie se parará a observarla. Sólo un objeto como cualquier otro, sin nada en especial. Anochece. Mentira. La oscuridad diaria se cierne sobre una mancha ya negra que cubre los pensamientos más inherentes. Sueños. Son solamente sueños. Pero quiero despertar…
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Septiembre 28th, 2007 por Andrés

¿Por qué no?. Si por un día se levantara el abismo entre lo real y lo ficticio, entre lo ilusorio y lo auténtico, entre los sueños y la realidad…¿no desearías que nunca se cerrara esa puerta siempre vedada?. Lo admito, yo sí. Dejaría que me inundaran esas nuevas sensaciones, acaparándolas hasta el extremo de pensar si de verdad está sucediendo o si es un producto de tu retorcida y aburrida mente subconsciente. Tan fuerte llega a ser ese pensamiento que no te das cuenta de lo que se mueve a tu alrededor, actuando de modo automático y sin parar de repetirte una y otra vez lo mismo: “Es un sueño, estoy soñando, sí, es un sueño…”. Pero después comprendes que estabas equivocado, era real y posiblemente no actuaste de la forma que hubieses querido en un principio. Te sientes frustrado, incapaz de reaccionar mientras tus pasos se vuelven cada vez más lentos mientras caminas. Entonces te detienes y vuelves a comprender. Que la forma en la que has reaccionado, sí, ese mencionado modo automático que funciona cuando crees soñar, ese eres tú. Luego dices que no, que pensabas que era un sueño y no dominabas la situación. Demasiado bueno, demasiado premeditado, o no. No sabes qué has hecho o qué no has hecho. Es ahí cuando alcanzas el saber verdadero, cuando te das cuenta de que sí eras tú y de que no era tu imaginación, sino un reclamado obsequio caído del cielo por la mano izquierda de la suerte y la derecha del destino. No esperabas que sucediera, pero ahora, largo rato meditando tiempo adelante, reconoces que reaccionaste de la forma correcta. ¿Por qué?. En el fondo son los imprevistos los que te demuestran quién eres y eso es lo que cuenta, no soñar despierto en sueños ensoñados vástagos de fantasías donde nunca existes, donde no eres igual…
Te das la vuelta, miras y aunque sepas que no es así, continúas soñando…
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Octubre 14th, 2006 por Andrés

Cual oriundo árbol, mecido por el tenue viento del lúgubre ensueño, soy vástago perecedero de las horas venideras y angostas que portan los moradores nocturnos del eterno manto de las incertidumbres ancestrales, tiempo atrás olvidadas y relegadas a los atisbos de las moralidades más denigrantes jamás conocidas, pero también soy el ingenuo actor del teatro de mi universo basado en falacias auto inducidas por pensamientos arcaicos y romos sentimientos que no llevan a ninguna parte ni lugar donde pueda expresarme sin respiraciones entrecortadas que nublen mi juicio, ya que las sandeces que me guían no son cautas ni luminosas con su único aliento de tristeza solamente capaces de conducirme a la desesperación más desesperada, evitándome con desprecio los momentos felices de alegrías contagiosas que nunca disfruto por la inseguridad afianzada en mi interior, aferradas raíces ansiosas por hallar sustancia con la que alimentarse porque, en el fondo, sólo soy el árbol solitario de una melancólica fotografía tomada en el centro de la nada más consumada.
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Septiembre 14th, 2006 por Andrés
Pensamientos frustrados, destellos de inseguridades, inquietudes arcaicas. Fantasías del no existir, espíritus tapiados en las paredes de la mente. Vástago de canciones perecederas. Todo guardado bajo la más ancestral y poderosa de las llaves. Nosotros.
La libertad es todo aquello que las personas poseemos. Elecciones, un eterno abanico de posibilidades siempre a nuestra disposición. Y encarcelamiento. Porque no podemos dejar de ser libres. Nunca sabrás que circula por el pensamiento de aquel con el que hablas, que ves, que admiras u odias, ya que puede elegir qué mostrar en apariencia y virtud, aunque en su interior fuese mentira y verdad.
Cubierto por el velo tejido de falacias, el oropel de vida crece y se desarrolla, ansiando el instante en que esa persona especial aparezca y lo retire.
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