Junio 7th, 2008 por Andrés
Habían sido unos largos y exasperantes días, soleados de temprana aparición y lluviosos en su apogeo. Rutinarios, como si el tiempo se hallara escrito en versos y se hubiera parado en la última sílaba de la segunda estrofa. No era casualidad, no. Ese número maldito se repetía cada vez que imaginaba la sombra del pasado, pues ahora mismo tenía precisamente dos ancestrales teléfonos delante de su mesa de la vida. En apariencia igual, pronto comprobó que existía una sustancial diferencia entre ellos.

El primero era un viejo conocido que ya llevaba algo de tiempo acumulando polvo y cenizas. Sus tonos eran suaves, como tímidos, invitando a sentarse y relajarse a su alrededor. Pero sonaba muy pocas veces y sólo lo escuchaba cuando la suerte y la coincidencia se aliaban.
El segundo era más reciente, pero no por ello carente de valor. Sus tonos eran sinceros, pausados y armoniosos. El color azulado que lo revestía cautivaba su mente en ocasiones. Sonaba bastante a menudo y, por eso, no se echaba tan en falta como al primero. Sin embargo, cuando más tiempo pasaba a su merced, más y más deseaba quedarse junto a él.
La vida proseguía sin misterio. A veces atendía una llamada de uno, muchas de otro. Hasta que llegó el instante en que ambos se hicieron notar como si una magia los hubiera sincronizado. Sus tonos se alzaban con el mismo volumen y sus ritmos coincidían en una melodía que aterraba. Era el momento de decidir cuál de ellos debía descolgar y cuál descolgar para siempre, porque era imposible atender los dos al mismo tiempo.
Su mano temblorosa lo agarró en un ímpetu lleno de miedo y confusión.
-Hola…
Silencio.
El otro teléfono dejó de sonar.
No hubo contestación, porque no hubo pregunta. Pese a todo, él ya había tomado su decisión, para bien o para mal.
Foto: canserinyel
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Mayo 22nd, 2008 por Andrés
No presagiaba nada bueno. La incesante lluvia dominaba sus triviales pensamientos. Le costaba dormir y esos sueños aparecidos como destellos fugaces de irrealidades paralelas, no despertaban el consuelo que anhelaba. Pero todo ello no era nada nuevo. Tiempo atrás ya padeció ese mal. Entonces no supo combatirlo, era demasiado fuerte y crecía cada día con más ímpetu. Esperó y esperó, desesperado por el lento caminar del tiempo. Al final perdió la batalla que nunca llegó a comenzar. Ese fue su error, pero más tarde supo que también fue su salvación. Ahora se hallaban frente a frente otra vez, con la misma fortaleza que antes, desafiando de nuevo su resistencia. Su regreso no era sorprendente, siempre tuvo la esperanza de que volvería a su vida tarde o temprano. Aunque habían pasado los años, realmente no sabía como derrotarlo, pero sí cómo evitar su aparición. Sin embargo, ahora ya no era hora de lamentos, tocaba actuar. La miró a los ojos y la apartó de su lado.
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Abril 11th, 2008 por Andrés
La carencia de sueño, la fatiga acumulada, el ruido sin cesar. Dicen. Todo mentira, porqué él sabía en realidad la razón por la que no podía conciliar el descanso nocturno. Eran varias las noches en las que reinaba la oscuridad, pero una luz en su mente reflejaba un tenue sombra que le recordaba la nostalgia. Tomaba las formas más inverosímiles que su imaginación era capaz de crear, recorría extensos años relegados a las profundidades del alma, forjaba imágenes que creía haber olvidado. Y todo ello durante la noche y sólo durante la noche, porque era entonces cuando todo estaba calmado y cuando la tempestad hacía acto de existencia en su pequeño mundo. La primera vez le cogió por sorpresa, pero las siguientes caídas del sol era él quien lo esperaba. Lo sabía. Que no se marcharía tan raudo como vino, que volvería cada vez con más ímpetu y descaro, que no podía detener su implacable avance. Por eso no podía dormir. Su mente estaba inmersa en un caos que seguía un orden alrededor de un espacio vacío. Alargó el brazo hacia el otro lado de la cama. Ella ya no estaba y se había llevado el sueño consigo.
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Marzo 4th, 2008 por Andrés

Pensaba, arraigado entre sus translúcidas sábanas mientras contemplaba absorto el paso del tiempo en su habitación. Transcurría de forma lenta y tediosa, pero en su mente fluía la imaginación a una rapidez que hasta él se sorprendía. Una ráfaga de imágenes fantasiosas en la que todas tenían una cosa en común. Lo sabía y, aún así, no podía evitar la sensación que le producía ese pensamiento. Volaba entre nubes de amargo sabor, paseaba debajo de lluvias de color sangre, dormía en grandes camas donde sólo estaba él. Y cuanto más pensaba que no tenía que actuar de esa forma, más y más recaía en ese abismo que había creado. No había salida, todavía no la había imaginado. Sin escapatoria posible, consumía ese lento caminar del tiempo en situaciones irreales donde siempre existía el mismo desenlace. Una y otra y otra vez, repitiéndose como un absurdo ciclo en forma de espiral descendente en el que se iba aproximando al centro del destino. Pero ese no era el final de su viaje transitorio, ya que tras un leve parpadeo todo volvía a comenzar. ¿Cómo escapar de semejante tragedia?. Lo siento, todavía no tengo la respuesta.
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Enero 4th, 2008 por Andrés
Su lento caminar le hacía ignorar todo a su alrededor. Su rumbo era incierto, al igual que su mirada, perdida en una nube de pensamientos incoherentes. No sabía el tiempo que había permanecido en ese letargo inconsciente hasta que llegó al extremo del abismo. Sus ojos cobraron vida y su aliento, hasta ahora pausado, se tornó en violentas expiraciones directas desde el alma. ¿Qué le había impulsado a este rincón más allá de la vida y tan ligado a la muerte?. Observó el tenue paisaje. Un desolador vacío por el que casi se desploma, llevándose consigo sus melancólicos y perturbados sentimientos correspondidos sólo en sus más profundos sueños producidos por la carencia de lo realmente deseado.
La culpa era suya, por haber pensado solamente en ella y nada más. Aturdido por sus fantasías irreales, alzó su mirada temblorosa y advirtió que, en el lejano horizonte, había un precario puente que cruzaba el siniestro abismo. Dos caminos se abrían ante él, ya que no era posible volver sobre sus pasos. Podía arrojarse por el agujero negro que tenía delante. Un infinito descenso donde sus recuerdos y sentimientos sobre ella le consumieran hasta convertirse en un ser sin corazón, vacío por dentro y muerto por fuera. Podía rodear el abismo y encaminarse hacia ese puente de la salvación, pero para ello debería desprenderse de cualquier pensamiento doloroso y, sobretodo, olvidarla.
Triste elección del camino. Seguir pensado en la mujer que amaba sin que ella lo supiera y mantener la imposible esperanza de que algún día se diera cuenta o olvidar la mujer que amaba, la mujer que amaba…Sus palabras resonaban en su mente mientras decidía si tenia que morir o seguir viviendo. Entonces, se sentó y esperó. Tal vez el tiempo me dé la respuesta.
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