Reflejos de una memoria





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La distancia

Enero 21st, 2008 por Andrés

Pueda parecer que la distancia sea algo físico, el espacio terrenal entre dos objetos en distintas posiciones, entre personas, aunque también es algo de un valor de gran importancia, es la relación entre nuestra alma y el resto. La verdadera distancia es aquel sentimiento que nos conecta con las personas de nuestro alrededor, que determina su grado de alejamiento o cercanía, en función de nuestra propia necesidad. Puesto que no hay dos idénticas personas, las distancias no son las mismas en todos los individuos, aunque si se observan unos cánones que las agrupan por semejanza.

Es posible que discrepes e incluso que no llegues a comprender por qué, cuando estás rodeado de seres humanos, te sientes en la más de las absolutas soledades. Estás ahí, tu cuerpo está ahí, pero no estás tú. Tu alma no está en consonancia con la de los demás y por eso te sientes disperso, en una nube volátil perdida en la inmensidad celestial donde no hay nada más que tú y tus pensamientos. Hablas con ellos, ¿por qué estoy lejos?. Silencio. Solo. Despiertas. La distancia se reduce hasta que vuelves junto a tu cuerpo, sin saber cuánto tiempo ha pasado, sin saber nada. Canon de la ausencia o alejamiento.

Ahora te encuentras lejos de todo, nadie te habla, tus ojos no distinguen la luz. Sin embargo, sientes que algo en tu interior te abrasa y lo notas. Sabes que aunque esa persona no está físicamente a tu lado, vuestras almas se comunican y se acompañan mutuamente. Te sientes ligado, encadenado a placer por unas ataduras místicas que nunca te soltarán. Estás solo, pero no. Tus pensamientos la acercan, acortan la lejana distancia que os separa en un desesperado intento por arrebatarle la ansiada victoria a la siempre omnipotente soledad. Canon de la presencia o cercanía.

La auténtica distancia es aquella que eliges libremente, aunque inconscientemente, pues tu alma no actúa por voluntad propia, sino basándose en aquello que hay en tu interior, aquello que no controlas.

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Adiós

Enero 16th, 2008 por Andrés

Hoy no hay reflexiones ni historias ni adjetivos ni palabras abstractas, sólo el adiós y la tristeza de desaparecer de nuestro lado.

Cuando pienso algo, siempre me pongo en la peor situación posible. Es mi método para no asustarme cuando ocurran las cosas, ya las espero con antelación y ninguna puede sorprenderte. Pero la realidad es diferente.

Hoy he entrado en el ascensor de casa y he visto una hoja colgada en un lateral. Otra reunión de vecinos o que pintan el garaje, pensé. Pero lo que decía era que mi vecino del primer piso acababa de fallecer esta mañana…y en silencio subí a casa. Una gran persona que siempre me daba conversación, incluso a los pocos días de mudarme a este edificio. Es la segunda esta semana, ya que también falleció una mujer mayor en el pueblo, familia de un amigo.

Personas conocidas pero alejadas a la vez. No hay contacto diario, pocas veces coincidía con mi vecino. Y aun así, no se puede asimilar. Ya no están y una fuerte presión me oprime el pecho. ¿Qué pasaría si le ocurriese lo mismo a alguien más cercano? ¿Un amigo, un familiar?. Puedo preverlo en el peor de los casos, pero no asimilarlo. No se puede controlar. ¿Seré capaz de escribir sobre ello como ahora?.

Hoy no hay reflexiones ni historias ni adjetivos ni palabras abstractas, sólo el adiós y la tristeza de desaparecer de nuestro lado.

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Ilusión mortal

Enero 14th, 2008 por Andrés

El sueño se apodera de ti, te mece suavemente en sus etéreos brazos hasta que yaces sucumbido a sus deseos. Piensas que el eterno descanso se muestra ante tus ojos y anhelas ese instante en que no dominas tu mente y el tiempo se vuelve inerte y sin sentido. Pero ese lugar que visitas cada noche esconde un secreto que ya conoces, pero que ignoras porque buscas la inalcanzable felicidad que crees que se encuentra en la mentira de la vida. El disfraz perfecto, que actúa cuando no puedes defenderte.

Te relajas y entornas los párpados. El subconsciente toma el control y, poco a poco, va dibujando el escenario donde apareces. Estoy sentado en un sofá, las luces apagadas y la televisión encendida. Miro hacia mi izquierda, sonrío. Está cansada y tiene sueño, se apoya en mí y la abrazo. La misma imagen de hace tantos años. Una extraña y desconocida paz interior hace acto de presencia y el tiempo vuelve a ser inerte y sin sentido.

El sonido del despertador rompe la ilusión que soñabas, otra vez. Piensas que esa sensación agradable no ha desaparecido todavía. Pobre ignorante, aún estás dormido. Despierta, despierta ya. El subconsciente solamente muestra tus deseos, y los deseos aparecen en los sueños porque no existen en la realidad. Ahora lo sabes, y comienzas a experimentar la desgracia de que nunca obtendrás esa paz, otra vez. Sólo en tus sueños, sólo en tu mente. Otra vez la ilusión mortal.

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Abismo

Enero 4th, 2008 por Andrés

Su lento caminar le hacía ignorar todo a su alrededor. Su rumbo era incierto, al igual que su mirada, perdida en una nube de pensamientos incoherentes. No sabía el tiempo que había permanecido en ese letargo inconsciente hasta que llegó al extremo del abismo. Sus ojos cobraron vida y su aliento, hasta ahora pausado, se tornó en violentas expiraciones directas desde el alma. ¿Qué le había impulsado a este rincón más allá de la vida y tan ligado a la muerte?. Observó el tenue paisaje. Un desolador vacío por el que casi se desploma, llevándose consigo sus melancólicos y perturbados sentimientos correspondidos sólo en sus más profundos sueños producidos por la carencia de lo realmente deseado.

La culpa era suya, por haber pensado solamente en ella y nada más. Aturdido por sus fantasías irreales, alzó su mirada temblorosa y advirtió que, en el lejano horizonte, había un precario puente que cruzaba el siniestro abismo. Dos caminos se abrían ante él, ya que no era posible volver sobre sus pasos. Podía arrojarse por el agujero negro que tenía delante. Un infinito descenso donde sus recuerdos y sentimientos sobre ella le consumieran hasta convertirse en un ser sin corazón, vacío por dentro y muerto por fuera. Podía rodear el abismo y encaminarse hacia ese puente de la salvación, pero para ello debería desprenderse de cualquier pensamiento doloroso y, sobretodo, olvidarla.

Triste elección del camino. Seguir pensado en la mujer que amaba sin que ella lo supiera y mantener la imposible esperanza de que algún día se diera cuenta o olvidar la mujer que amaba, la mujer que amaba…Sus palabras resonaban en su mente mientras decidía si tenia que morir o seguir viviendo. Entonces, se sentó y esperó. Tal vez el tiempo me dé la respuesta.

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La broma del destino

Diciembre 28th, 2007 por Andrés

Majestuosa y elegante, se movía con cierta indiferencia a su alrededor. Las flores a su paso marchitaban sus tenues pétalos, mientras las eternas nubes se agolpaban por encima suyo y una densa pero fina lluvia deformaba el paisaje en una borrosa fotografía en blanco y gris. Su ignorancia era su perdición, aunque lo mismo le hacía sentir aquella mirada.

Se dio la vuelta y no encontró nada a lo que aferrar su temor, palpitando en el aire e incrustándose en su corazón. Pensaba que era de hielo, siempre era de hielo desde siempre, reiteraba en su cabeza. Pero en el lento caminar del tiempo comenzaba a derretirse de una forma tediosa e irrefrenable. Ahora se podía divisar el contorno del corazón y una fina cicatriz que lo atravesaba en su costado derecho, el de las mentiras.

Volvió en sí mismo, se dio la vuelta y no encontró a nadie. El temor tomaba sentido y conciencia, encaminándose hacia su lugar de nacimiento, hacia aquella aterradora mirada que brillaba con dulzura y simpatía. El por qué de esa sensación estremecedora, el vacío creado de nuevo sin avisar, las preguntas surgían de la niebla como si el mismo tiempo se las dictara en un examen de su vida.

Entonces sus ojos se posaron en el suelo, había pisado un pequeño y marchito pétalo de una lila. Aturdido, dirigió su mirada hacia el triste cielo que aun lloraba lágrimas de nostalgia y contempló a través de las frías gotas que estaba envuelto de geranios oscuros. Los significados de ambas flores le abrieron la mente y le recordaron el pasado que, envuelto en sábanas deshilachadas y sin forma etérea, reposaba con ansias en su espalda, clamando el retorno. Y comprendió.

Majestuosa y elegante, se movía con cierta indiferencia a su alrededor. Pero ahora aquella imagen ya tenía forma y aquella mirada tenía nombre. Las flores desaparecieron y el sol brillaba con fuerza a través de un cielo irónicamente despejado. Tácito y lleno de incertidumbre y confusión, observó como ella se alejaba…

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