Pensamientos en una noche sin…
Vivimos a ciegas una vida que creemos merecer, de la que esperamos grandes hazañas y grandes victorias. Nos rodeamos de la ingenuidad patente en nuestro alrededor, envolviéndonos con un manto que nos da calor, que nos alimenta. No somos capaces de percibir el horror y el dolor que en realidad enmascaramos. Pero siempre llega el instante, el preciso y tedioso instante en que nuestro velo es retirado a la fuerza y en el que nos topamos de lleno con la vida. Es dura, desagradecida, inmoral y nunca, de ninguna forma, te permitirá una pizca de felicidad. Has nacido para morir. La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida por delante. Pero no tiene porque ser un camino de rosas, donde los árboles florecen a tu paso y las sonrisas son eternas, sino más bien es cruel e intolerante y a veces llegarás a preguntarte si vale la pena seguir, si hay algún motivo especial para continuar la lucha. Es posible que la batalla ya esté perdida, que siempre lo estuvo y que sólo vencía en mi imaginación…
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